Lo que quise decir
Trato sobre la norma básica de no hacer al prójimo lo que no quieres que te hagan a ti. Es una idea sencilla de respeto que ya contaban los antiguos filósofos y que sirve para convivir sin hacernos daño.
La escribí en enero de 2026.
Letra
Misma piel dan,
Confucio lo dijo sin tanta elegancia,
no empujes al otro a tu propia desgracia,
si no quieres para ti la carga y el peso,
no se lo des al vecino, que el daño es un beso
amargo que vuelve buscando tu boca.
En la India antigua la ley es de roca,
no hagas al prójimo aquello que irrita,
pues la suma del deber en tu pecho está escrita.
Y el Buda parando la mano del fuerte:
si buscas la paz, no repartas la muerte.
Giles lo explicó con el cuerpo inclinado:
lo que tú detestas, no lo des al de al lado.
Esa es la ley, lo demás es adorno,
un eco vacío, un ruidoso entorno.
Y vino el de arriba, el de la montaña,
a quitarle al mundo su vieja legaña:
lo que quieras que el mundo te dé con justicia,
hazlo tú primero sin tanta malicia.
No es sólo evitar la herida o el daño,
es buscar que el otro no sea un extraño.
Bajo la luna el profeta lo advierte:
tu fe es una cáscara fría de muerte
si no deseas para el hombre que pasa
el mismo bien que quieres en tu casa.
Si te duele el insulto y el asco te hiere,
no escupas al otro, que el alma se muere.
La luna es clara, no tiene doblez:
respeta la vida por una sola vez.
Es la regla de oro, el eje del mundo,
el grito legal y profundo.
No importa la iglesia ni el nombre que invoques,
solo importa el cuerpo que cuides o toques.
Si tiene sed, tu garganta se seca;
si tú le traicionas, tu sangre se peca.
No hay otros, no hay ellos, no existe el ajeno,
tú eres la copa, la sed y el veneno.
Si vas con jainistas, la misma sentencia:
trata todo vivo con tu propia conciencia.
Si te sientes sagrado, si te sientes el centro,
entiende que el otro es lo mismo por dentro.
Tú eres el viejo que muere al olvido,
tú eres el niño por la mina herido,
tú eres la madre que busca en la fosa;
la vida es una sola y la misma cosa.
No hace falta el misticismo ni el llanto,
es pura física, no es ningún santo.
Lo que lanzas al aire te vuelve de frente,
el mal que tú siembras te muerde la mente.
Si cuidas del otro, te estás protegiendo;
si pisas al débil, te estás deshaciendo,
porque tú eres un eco, una forma de hablar,
en el fondo eres tú el que está en ese lugar.
No es caridad ni es bondad de vitrina,
es la cuerda que el caos domina:
sentir la alegría del otro en tu mano,
sentir su desprecio como algo no humano.
Al final del camino, cuando baje la luz,
no valdrán las siglas ni el palo ni la cruz,
solo si fuiste capaz de entender
que en el rostro del otro te volviste a ver.
Lo que no quieras sufrir, no lo provoques.
Lo que ames de ti, que al mundo le toque.
Esa es la regla, ese es el tesoro,
la única ley escrita en el oro.
Trátalos como a ti, porque ellos eres tú.
Eres tú, eres tú, eres tú,
eres tú, eres tú, tú,
eres tú, eres tú, eres tú.


